Ya no me pronuncio
ni me se contar en las palabras
ni se mencionar las letras de mi nombre
Rebusco en las palabras y no lo encuentro
Rebusco en los recuerdos y prefiero ignorar
Sin embargo llega a mí despavorida...
Es mi nombre el agudo escozor
en el estomago de una noche de vigilia,
en la penumbra de los rincones
de las sabanas que se manchan de dolor.
Son las 2 de la mañana
Una luz brillante entra
por la pequeña ventana de la habitación,
corta el techo a la mitad,
lo recorre en una fragante linea
hasta que irrumpe en el lagrimal.
No puede esconderse más,
salen desmedidamente,
solloza pero se obliga a silenciarlo...
El aire se agota.
El tiempo se ha diluido y aún se siente,
los colores han cambiado,
los tonos que calentaban nuestras noches
se difuminan con lo que se oculta tras la tenue indiferencia
o con lo que no se atreve a volverse verbo.
El reloj se agota