Si le hubiera cortado las alas habría sido mía, pero así habría dejado de ser pájaro y yo lo que amaba era el pájaro...
Tú, contradiciendo a tu instinto con el hambre en la duda
Yo, tapando mis traumas con saliva y las heridas en voz baja
Ambos con el mismo miedo trémulo al estrépito de un adiós silencioso entre los dedos
Me has ayudado a destruir los constructos y reinventar los conceptos
sintiéndonos libres de escribir lo que no está, para no olvidar que fuimos.
Y gracias a eso, por primera vez he elegido la memoria antes que las cicatrices para recordar.
Después de todo lo aprendido, no hubiese sido justo pedirte que no te marchases nunca
por el pánico a no saber dormir solo, sintiendo la silueta helada de tu ausencia entre mis sábanas.
Y es que me hiciste ver que echar de menos o necesitar a alguien
es en realidad tiempo para estar conmigo mismo, conocerme
y más tarde como tú lo llamas, saber querer bonito.
Ahora,
me veo aquí preguntándome si nuestra osadía de intentar reinventarnos
es igual de admirable que abrazarnos por última vez como lo hicimos
con una sonrisa y sin mirarnos la espalda.
¡Lo intentamos! ¡lo intentamos!
Y jamás nos quedará la duda
lo intentamos y por eso vencimos;
Así que por favor, por favor no te sientas jamás culpable
por la libertad de extrema de tus alas
porque me han enseñado que amar no es proyectarme en otras,
sino sentirme cielo ámbar, embole incierto de golondrina sin mirar el precipicio...
y sabes creo que puedo conseguirlo
Maria...
Aunque ... aunque me encantaría que estuvieses hoy aquí,
viéndome temblar ante la inmensidad
para poder coger tu mano y decirte
ayúdame a mirar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario